Archivo para 22 abril 2010

“Miradas”

Las miradas del silencio

Hay muestras fotográficas que son como un torbellino de intenciones y propuestas, otras se remansan en una serenidad monotemática y armoniosa, no por ello carentes de viveza y honestas proposiciones.  Rosa, una vez más, apuesta por el remanso de las miradas.

Definitivamente el mundo del siglo XXI va a tener hombros de mujer.  Pero estas mujeres que la autora nos muestra con cariño, que casi trata como si fueran de la familia, estas mujeres no cuentan para nadie.  Desasistidas, desposeídas y todavía en pie, son la sal de la tierra, probablemente atesoran una historia personal que merecería una novela. 

Qué paisajes humanos contemplaron, qué atrocidades tuvieron que atravesar, cuál fue su afán, quién las amó, quién las violentó, qué necesitan, cómo sentía su piel tersa, dónde dejaron sus lágrimas, qué sintieron y sienten en la maraña cotidiana o extraordinaria de sus vidas.  Tantas preguntas, pero estas mujeres jamás serán preguntadas ni escuchadas, no cuentan para nadie, sean estos nobles ausentes, güelfos o gibelinos.

Además de algunas imágenes de gran acierto estético y fotográfico, la visión global que me agrada desparramar sobre este tipo de muestras, me informa de una exposición homogénea y muy interesante.  Si te dejas llevar por la sensación, subyace una inquietud y una atmósfera de misterio se adueña de la sala.  El entorno sospechado, frente a la inmediatez del retrato o aquello que no se ve, constituye, a mi juicio, el enigma de fondo de esta exposición, las circunstancias que rodean a estos rostros, algo que solo nos podría desvelar la autora como un regalo añadido a su trabajo.

No me gustaría darle ideas peligrosas a la Rosa más viajera, ya que conociéndola es capaz de agenciarse un viaje a Afganistán, dónde tras uno de esos infamantes burkas captaría la (no) mirada femenina más silenciada del mundo, por cierto en un país con una de las guerras también más extrañamente silenciada.  Claro que no es necesario ir a este país para encontrar este atavío, que pudiera ser respetable, lo despreciable es lo que lleva implícito para las mujeres y desde luego, en el caso del afgano, el que sea obligatorio.

Aunque, Rosa, con esta segunda serie de miradas que nos muestra quiere cerrar un ciclo y dedicarse en su afán artístico a otros temas, siempre podrá ir incrementando esta colección, pues resulta una propuesta muy acertada.

Una buena manera de hacer parte del camino la que ha elegido esta autora, le deseo que le sea una vía de crecimiento no sólo artístico sino personal y que sus noches sean placenteras.

Una vez más enhorabuena, Rosa, y gracias por mostrarnos tu sugerente trabajo.

Raúl W. Fernández Moros

COLABORAN:

         

ORGANIZA:

Consejero del C.E.B.

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