Antonio, mi padre

Madrugada en cuarto menguante,
tiempo de cerezas tardías.

En los altos edificios
arden algunas luces.

A intervalos
brillan los faros de los coches
que cruzan a gran velocidad
por la avenida.

Aquí dentro,
un blanco monocorde…
y burbujas de oxigeno escarchado
mientras siento tu último pulso.

El corazón se me vuelve celofán
cruje, se arruga….
…..y a velocidad de tiovivo en su máxima potencia
se escapa el tuyo,
no hay retorno.

El dolor todo lo tiembla
y no hay rincón donde parapetarse.

Todavía es dos mil cuatro y pico…….   papá

 

 

 

 

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